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PANORÁMICA:
Naturaleza
Con un paisaje
variado y bello y una climatología pocas veces extrema, los
cántabros viven muy vinculados a la naturaleza y no sólo
porque muchos la tengan como medio de vida, sino porque todos la
disfrutan. No se dirá que el turismo interior se inventó
aquí en Cantabria, pero sí se puede afirmar que fueron
los propios cántabros los primeros que disfrutaron de su
tierra y su paisaje. Ya en los años cincuenta, antes de aquella
generación del seiscientos, cada domingo de verano las líneas
de autobuses y los ferrocarriles que iban a las playas se abarrotaban de gentes que sabían apreciar lo que tenían.
Y
no sólo fueron las playas, fueron también los bosques,
la pesca, la caza, los deportes de montaña, la búsqueda
de una iglesia románica, el querer descubrir una cueva
con pinturas prehistóricas, el gusto por una gastronomía
modesta pero sabrosa o, simplemente, esa afición bien económica,
sencilla, que es el caminar, no pasear, sino caminar; que se sabe
de más de un reinosano que, en un día de ocio, se
puso a andar y llegó hasta Santander.
Vivir
en Cantabria, pues debe significar fundirse con el paisaje, exprimirlo
y sacarle el jugo en cualquiera de las muchas formas que esto es
posible. No es esta tierra para el viajero que busca un rincón
donde pasar sus vacaciones dormitando; ésta es tierra para
buscar, caminar, preguntar a un paisano dónde comprar unas
bonitas albarcas talladas a mano o quién
es aquel que dice haber visto al oso por los altos de Sejos; tierra
para disfrutarla activamente.
Cantabria
tiene un paisaje bellísimo con mil verdes casi inconcebibles
fruto de muchos días de lluvia, días brumosos, grises
e incluso desapacibles. Lo uno exige lo otro y ésa es, probablemente,
una realidad profunda que tampoco hay que olvidar a la hora de "vivir
en Cantabria".
En
contacto con la naturaleza
Más
de 200 kilómetros de costa con más de 100 playas;
una cadena montañosa con cumbres que superan los 2.500 metros
de altitud; una decena de ríos con buena pesca y la mayor
reserva de caza de España. Con este panorama resulta imposible
viajar a Cantabria y no sentir que es un paraíso para los
amantes de la naturaleza.
Cantabria
es una tierra para disfrutarla activamente y, ya que una de las
formas más comunes de hacerlo es mediante los deportes, parece
adecuado ofrecer un resumido panorama en el que se reflejen las
actividades deportivas que mejor pueden practicarse, en contacto
con la naturaleza, en las tierras de Cantabria.
Si
empezamos por los deportes relacionados
con el mar, bastará con decir que pueden practicarse todos.
Santander, Laredo y Castro-Urdiales tienen clubes náuticos
que ofrecen diferentes servicios; Santander cuenta, además,
con la Escuela de Vela Isla de la Torre, situada frente a la playa
de la Magdalena. Para practicar el remo, la vela o el windsurf son
buenas las aguas de las bahías y de algunos estuarios, aunque
también se puede optar por las aguas a mar abierto. Otro
tanto cabe decir del esquí acuático; y por lo que
respecta al surf, aunque el oleaje del Cantábrico permite
la práctica de este deporte en muchas playas, las que disponen
de mejores olas son la de Los Locos en Suances y El Sardinero en
Santander.
En cuanto al submarinismo, tanto para
disfrutar del paisaje subacuático como de la pesca submarina,
la costa ofrece atractivos rincones en los sectores de San Vicente
de la Barquera y Comillas, Santander, Cabo de Ajo y Santoña
/ Laredo. Si lo que se quiere es pescar desde la costa, bastará
con llegar a ella, lanzar el aparejo y después esperar a
que la suerte sea favorable. En cualquier caso, los puertos pesqueros
son buen sitio para recabar información y adquirir el cebo
o la carnaza adecuados.
Si
para hacer deporte nos alejamos de la costa y vamos a la montaña,
hay que empezar dejando bien claro que la zona occidental de la
provincia tiene mucho más que ofrecer gracias al macizo de
los Picos de Europa y a la reserva nacional de Saja. Los Picos de
Europa son el reino de la alta montaña, del alpinismo, del
parapente, de las excursiones ecuestres y de alguna otra modalidad
deportiva como la bicicleta de montaña. Todo ello puede practicarse
por cuenta propia o con el apoyo de alguna organización del
tipo de las escuelas de aire libre instaladas
en la zona de Liébana. Las estribaciones de los Picos de
Europa y los montes de Saja son ideales para el senderismo y la
búsqueda de ese conocimiento que ofrece el contacto con la
naturaleza.
En
la reserva de Saja se pueden cazar jabalíes, corzos, venados
y liebres, además de varias aves como la sorda, la perdiz
o la tórtola. El urogallo también habita estos bosques,
pero para que no desaparezca es una especie vedada.
Los
ríos de Cantabria, casi sin excepción, están
poblados de truchas y, algunos, de salmones, aunque en los últimos
años algunas epidemias hayan hecho estragos en estas especies.
Si se quiere practicar la pesca de río deben tenerse en cuenta
los tramos acotados y los aparejos permitidos, de todo ello informan
en el Servicio de Montes y Conservación de la Naturaleza
de Santander. Quedan aún otros deportes como el golf o algunas
experiencias que rozan lo deportivo, como el vuelo en aeroligero.
El golf puede practicarse en el Real Club de Golf de Pedreña,
cuyo emplazamiento frente a las aguas de la bahía de Santander
hacen de él uno de los campos más bellos de España.
Y, si se quiere dar un paseo a vista de pájaro, Aeroligeros
del Norte, en Cóbreces, ofrece un bautizo de aire sobre la
costa de Comillas y San Vicente de la Barquera y paseos turísticos
sobrevolando distintas zonas de la región.
Consideración
aparte merecen los llamados deportes de invierno, para los cuales
Cantabria ofrece sus instalaciones de la estación invernal
de Alto Campoo, en las proximidades de Reinosa. Es ésta una
estación que lleva funcionando más de veinticinco
años y que ofrece cuantos servicios pueda precisar el aficionado,
desde el alquiler de material de esquí, hasta las clases
de los monitores de la Escuela de Esquí, pasando por las
máquinas pisapistas y, naturalmente, por los remontes mecánicos.
Alto Campoo dispone de aproximadamente unos diecisiete kilómetros
de pistas a los que se puede acceder mediante cuatro telesillas
y cinco telesquíes, con una capacidad de 7.000 esquiadores
por hora.
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