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PANORÁMICA:
Fiestas. Calendario de Fiestas
Cantabria no es tierra de reputadas fiestas cargadas de tradición.
No obstante, los cántabros tienen sus fiestas, su música
y su danza a través de las cuales, con mayor o menor algarabía
y, desde luego, de forma menos ostentosa que en otras partes, celebran
cuanto tienen que celebrar. Si se buscan los orígenes del
folclore o de las fiestas de Cantabria, no es posible remontarse
hasta tiempos muy lejanos. Sin duda hubo una tradición, pero
ésa en su mayor parte se perdió. Pero como un pueblo
no puede sobrevivir sin fiestas, cuando se perdió una tradición
se inventó otra nueva.
Así, a Cantabria
llegaron o quizá se recuperaron encierros, carnavales, desfiles
de carrozas o esa popular y difundida costumbre de la fiesta gastronómica,
cuyo remoto y olvidado origen podría estar en las cacerías
de bisontes de los habitantes de Altamira. De todas formas, los
cántabros hacen lo posible por mantener e incorporar cuanto
ha llegado hasta nuestros días del folclore de esta tierra.
De ese modo, en cualquier romería o celebración se
pueden escuchar y ver los cantos y danzas que por su ritmo pueden
ser a lo alto y a lo bajo o a lo ligero y a lo pesao, acompañados
por el pandero y el bígaro o por el pito y el tamboril.
Entre las danzas,
algunas de ellas recuperadas en los años veinte por Matilde
de la Torre, en Cabezón de la Sal, destacan la Baila de Ibio,
danza guerrera de supuesto origen cántabro; la danza del
Romance del Conde Lara, de aire cortesano; la danza de los arcos,
de talante más campestre; o algunas otras, como el Pericote
de Liébana.
Aunque quizá
lo más original del folclore de Cantabria sean los Picayos
y las Marzas. Las danzas de los Picayos se acompañan o acompañaban
de canciones de tema cambiante, que aludían a las necesidades
o quejas del pueblo planteadas ante el patrono o patrona del lugar
como petición para que fueran atendidas. Quizá una
derivación de estas canciones sean las letras de los más
actuales copleros, que no eluden ni las mofas ni el escarnio de
personajes o instituciones.
Las Marzas, por su
parte, es una fiesta dedicada a la llegada de la primavera que ha
mantenido viva su tradición en la zona de Reinosa y en el
valle de Toranzo, con sus coplas en demanda de obsequios. Estas
coplas se cantan, en algunos lugares la última noche de febrero,
siendo el primer verso del romance marcero el que dice: "Marzo
florido, seas bienvenido".
Los días de
fiesta son también ocasión propicia para los concursos
de algunos deportes populares, tales como las regatas de traineras,
el juego de los bolos o, de origen más reciente, las competiciones
de arrastre de parejas de bueyes o vacas.
Pero quizá
la forma más popular de festejo sea la romería, entendida
aquí como baile y merienda al aire libre, en la que no falta
ni la orquesta, ni los puestos de chucherías y golosinas,
así como el bar ambulante y el puesto de churros y patatas
fritas.
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