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PANORÁMICA:
Alojamientos
Cantabria
se encuentra entre las regiones que mejor han comprendido que la
alternativa al turismo de sol y playa estriba en la revalorización,
diferenciación y puesta al día de los recursos del
medio rural. Sus características geográficas y ambientales,
así como el acervo cultural e histórico de sus pueblos,
favorecen el interés de los viajeros por el descubrimiento
personal de lo hasta ahora inédito: pasar
una noche en una ilustre casona sin oír otros ruidos que
los mugidos de las vacas en el prado o el dulce trino de los pájaros
en el bosque. El turismo bucólico, más conocido como
turismo rural, recibe ahora las atenciones privilegiadas de la Administración
autonómica.
Las iniciativas de las casas de labranza están siendo igualmente
subvencionadas con arreglo a los programas europeos de desarrollo
regional. Los propietarios de estas viviendas -muchas de ellas solariegas-
se comprometen a alojar turistas durante un tiempo mínimo
de seis meses al año para recibir dichas ayudas comunitarias,
consistentes en una subvención a fondo perdido de hasta un
20% de la inversión total para la rehabilitación de
una casa situada en zona rural de escasa dotación hotelera.
La capacidad de alojamientos estimada en Cantabria rebasa ya las
16.000 camas hoteleras, junto a las 24.000 plazas de cámpings,
450 de casas de labranza y 1.400 de apartamentos turísticos.
El tipo de alojamientos
común en la región es el hotel de dos o tres estrellas,
emplazado en un entorno de gran sabor rural, generalmente con pocas
habitaciones y un nivel de ocupación muy elevado en temporada
alta. La clientela se distingue por su carácter familiar
y su notoria fidelidad. Muchos huéspedes son desde hace muchos
años asiduos a un determinado establecimiento.
El resto de la planta hotelera está
formado por pensiones de ciudad o pueblo, gestionadas por familias
cuyo único recurso es el alojamiento de huéspedes
(en el primer caso) o que comparten esta actividad con su tradicional
dedicación a la ganadería, en el caso de las fondas
de aldea. En Cantabria no existe más que un establecimiento
de cinco estrellas: el hotel Real, en la propia capital.
La red de Paradores
cuenta con dos establecimientos muy personales. Uno es el bellísimo
Gil Blas, instalado en la antigua casa solariega de los Barreda
Bracho, en Santillana del Mar. El otro es el parador de Fuente Dé,
encajonado en la base del circo de Aliva, junto a la estación
del teleférico.
La oferta de turismo
rural, generalmente dotada con instalaciones adecuadas a las necesidades
de la población local (si bien en algunos casos, como los
del valle de Liébana y Santillana del Mar, se observa una
masificación negativa en determinadas épocas) y acompañada
de un sugestivo fondo de animación turística y cultural,
tiene como modelos algunos establecimientos de tanto renombre como
el hotel del Oso, en Cosgaya, la hostería de Quijas, cerca
de Torrelavega, la venta de Carmona o el proyecto de hotel cinco
estrellas en el deslumbrante capricho palaciego de Gaudí,
en Comillas.
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